Scott Bessent tensiona a la Fed con compras de deuda
Scott Bessent duplica compras largas para moderar rendimientos, pero la medida puede erosionar la disciplina antiinflacionaria, elevar primas de riesgo y complicar a la Fed.
🔢 Que los rendimientos de largo plazo alcanzaran su cota más alta en 19 años importa porque eleva el coste de financiación en una parte amplia de la economía. También revela que el mercado exige una compensación mayor ante los riesgos de inflación y deuda.
La decisión de Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, de elevar las compras de deuda pública a largo plazo ha abierto una fricción relevante con la Reserva Federal. El problema para los mercados no es solo el tamaño de la intervención, sino la señal que transmite cuando la inflación permanece por encima del objetivo oficial.
Según la información publicada por Financial Times y traducida por EXPANSIÓN, el Tesoro planea «al menos duplicar» sus compras de bonos estadounidenses de largo plazo. La medida llega después de que los costes de endeudamiento a largo plazo tocaran su nivel más alto en 19 años.
Scott Bessent y la señal que recibe el mercado
El objetivo inmediato del plan es contener los rendimientos de la deuda estadounidense. Esos rendimientos han subido en los últimos meses por las dudas sobre la inflación, el crecimiento de la deuda pública y la gran emisión de bonos destinada a financiar el boom de la IA.
La magnitud del mercado explica por qué la medida ha atraído tanta atención. Bessent interviene en un mercado de bonos valorado en 32 billones de dólares, referencia para numerosos costes de financiación de la economía estadounidense.
Greg Peters, codirector de inversiones de PGIM Credit, cuestionó abiertamente la estrategia. «Tengo una visión muy negativa de la estrategia del Tesoro y sus intervenciones. Creo que es contraproducente», afirmó.
Para Peters, la actuación del Tesoro también deja una incógnita para la Reserva Federal. «Los mercados esperan algo de Warsh, pero no estoy seguro de qué se supone que debe hacer», añadió.
La inflación deja poco margen a Kevin Warsh
Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, afronta su intervención en Jackson Hole con la inflación de Estados Unidos en el 3,7 %. La cifra sigue claramente por encima del objetivo del 2 % del banco central.
La presión sobre Warsh procede tanto de los inversores como de algunos integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto. Tres miembros del FOMC apoyaron una subida de tipos en la votación de julio.
Desde aquella reunión, otros presidentes regionales de la Fed han dicho que también respaldarían un incremento de un cuarto de punto en los costes de endeudamiento. Esa posición contrasta con una intervención del Tesoro dirigida a rebajar las rentabilidades de largo plazo.
Warsh ha defendido que los inversores deben atender a los datos económicos y a los precios de mercado, en vez de esperar orientaciones de los banqueros centrales sobre los tipos. El mes pasado señaló que el alza de las rentabilidades reflejaba hechos económicos que podían requerir un endurecimiento monetario.
El presidente de la Fed añadió entonces que la institución estaba «intentando no interferir con la señal del mercado». Su discurso en la conferencia económica de la Reserva Federal de Kansas City será examinado bajo esa premisa.
Scott Bessent frente a una Fed más restrictiva
La divergencia entre ambas instituciones es el núcleo de la inquietud. Si la compra de bonos logra reducir los rendimientos, también podría abaratar las hipotecas y otros préstamos, dando impulso a la economía.
Ese posible efecto es el contrapunto a las críticas de Wall Street. Sin embargo, varios responsables de la Fed defienden precisamente la dirección opuesta: elevar los tipos para frenar las presiones inflacionistas.
Lisa Shalett, directora de inversiones de Morgan Stanley Wealth Management, sostuvo que intervenir en el mercado de deuda «por no saber encajar» el aumento de los rendimientos «no es un argumento convincente y resulta un tanto caprichoso». Su advertencia se centra en el daño que puede provocar un Tesoro percibido como imprevisible.
«Y no queremos un Tesoro impredecible y caprichoso», concluyó Shalett. A su juicio, mantener el intento de controlar los rendimientos sería una admisión de que Washington teme por la sostenibilidad de la deuda.
El posible alivio y su coste de credibilidad
Hasta ahora, la intervención del Tesoro ha tenido un efecto moderado sobre los rendimientos. Aun así, el debate no se limita a su eficacia inmediata, sino a si el Gobierno está condicionando una señal de mercado que la Fed utiliza para calibrar sus decisiones.
Krishna Guha, vicepresidente de Evercore ISI, advirtió de que la operación podría haber generado preocupación no solo entre los inversores, sino también dentro del FOMC. Bessent había señalado que el encarecimiento de la financiación del Gobierno no «reflejaba los fundamentos subyacentes».
Scott Barnard, gestor de carteras de renta fija en Westwood, resumió el problema de coordinación. La comunicación más limitada de Warsh y la actuación del Tesoro para contener los rendimientos largos han dado la impresión de que ambas instituciones están «remando en direcciones opuestas».
La tensión se produce además mientras la guerra de la administración Trump en Irán ha elevado los precios para consumidores y empresas. Ese encarecimiento refuerza el dilema: aliviar la financiación puede sostener la actividad, pero también complicar la vuelta de la inflación al objetivo.
Scott Bessent y el riesgo de dominio fiscal
La dimensión política añade otra capa de riesgo. El deseo de la administración Trump de reducir los costes de financiación antes de las elecciones de medio mandato de noviembre ha alimentado el temor a una posible presión sobre el banco central.
El mercado vigilará si la estrategia de Scott Bessent gana tracción o si resulta insuficiente para doblegar las rentabilidades. Si no funciona, aumentaría la atención sobre cualquier actuación futura de la Reserva Federal.
Jason Furman, profesor de Harvard y expresidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca bajo el mandato del expresidente Barack Obama, planteó la principal objeción institucional. «Si la Reserva Federal llevara a cabo su política monetaria con el objetivo de ayudar a gestionar la deuda, tendría un tufillo a dominio fiscal», afirmó.
Warsh y Bessent, ambos protegidos del multimillonario de hedge funds Stanley Druckenmiller, mantienen una relación cordial y se reúnen con frecuencia, según la información. No obstante, el mercado está evaluando si sus prioridades pueden convivir: una Fed centrada en devolver la inflación al 2 % y un Tesoro decidido a moderar los costes de endeudamiento a largo plazo.
Scott Bessent y la señal de los bonos
La cuestión principal es si las compras del Tesoro logran reducir de forma sostenida los rendimientos largos. Si ese descenso se traslada a hipotecas y préstamos, la intervención estaría relajando las condiciones financieras. Eso contrastaría con una Reserva Federal inclinada a endurecer su política para contener la inflación.
Conviene vigilar la reacción de los rendimientos de largo plazo, los próximos datos de inflación y el mensaje de Kevin Warsh. Una caída persistente de los rendimientos junto con menores costes de crédito reforzaría la eficacia del plan. En cambio, un efecto limitado y nuevas señales de subidas de tipos confirmarían que ambas instituciones mantienen direcciones divergentes.
También será relevante observar si el Tesoro prolonga su intervención. Una actuación continuada podría trasladar el debate desde la eficacia inmediata hacia la credibilidad de la política económica y la percepción de que la deuda condiciona las decisiones monetarias.
🧠 ¿Puede el Tesoro moderar los costes de financiación sin debilitar la señal que el mercado de bonos transmite sobre inflación, deuda y riesgo económico?
Artículo de divulgación financiera redactado por el equipo de Tu Plan A: Bolsa y Trading by Fran Fialli.
Ref. 26ago-inversion
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